Filosofía

y valores

Mi manera de entender la abogacía no pasa solo por aplicar artículos y normas. Para mí, lo esencial es la persona y el sistema familiar del que forma parte.

Lo primero es escuchar y comprender quiénes son, cómo han vivido y qué lugar ocupa cada miembro de la familia en esa historia que ahora atraviesa un momento de crisis.

Creo que una ruptura no es un cálculo de porcentajes de responsabilidades. Es un dibujo de una relación que han creado dos personas juntas, con sus colores y sus matices, y que ya no funciona. Salir de ese dibujo genera miedo: miedo al futuro, miedo a no saber llevar la situación, miedo a fallar a los hijos o a la sociedad. Pero también es un paso necesario cuando la relación se vuelve insostenible.

En mis conversaciones hay preguntas que siempre aparecen:

– ¿Qué te preocupa más de todo lo que ocurre o va a ocurrir?

– ¿Qué es lo más importante de tu vida?

Cuando me responden “mis hijos”, yo insisto: lo más importante eres tú. Si tú estás bien, si te cuidas y te levantas con energía, ese ejemplo es la mejor herencia que puedes dar a tus hijos.

Mis valores están claros: defenderé siempre los derechos de la persona que represento, pero por encima de todo defenderé los derechos de sus hijos. Porque los niños necesitan mensajes que les de seguridad, cariño, abrazos y, también, límites y pautas. Sobre todo en la nueva situación que se genera. Los hijos nunca deben ser el apoyo de los padres, sino al revés.

MI FORMACIÓN EN MEDIACIÓN, EN PSICOLOGÍA (ENEAGRAMA, TERAPIAS SISTÉMICAS) ME AYUDA A COMPRENDER MEJOR LOS ROLES Y LAS DINÁMICAS DE LAS FAMILIAS QUE TRATAMOS DE REESTRUCTURAR CON EL DIVORCIO.